No es que mi concepto sobre la izquierda de este país sea especialmente bueno pero confieso que, aunque uno ya está curado de casi todos los espantos imaginables, lo de esta semana me tiene alucinado.
El proyecto de división social en dos bloques enfrentados y sin posibilidad de puntos de intersección, que promovió Zapatero durante su presidencia, ha alcanzado su plenitud ahora, también bajo su inspiración pero con la presidencia de Pedro Sánchez. En los asuntos nacionales lo vemos cada semana en los proyectos legislativos, en el marcado acento ideológico y de parte puesto en cada acción de gobierno y en un discurso marcadamente excluyente de al menos la mitad del arco parlamentario y, según las encuestas a estas alturas, de bastante más de la mitad de los españoles.
Lo que no vimos venir es la extensión de esa polarización esquizofrénica a cuestiones que están tan lejos del alcance de nuestra mano como el premio Nobel de la Paz o el acuerdo de paz entre Israel y la organización terrorista Hamás.
Las redes sociales y, cada vez más, las tertulias (por así llamarlas) televisivas son fecundas en ocurrencias de quienes solo buscan llamar la atención con cualquier imbecilidad. Pero que personas y cargos a los que deberíamos exigir un mínimo nivel de conocimiento, razonamiento crítico y equilibrio intelectual y moral no disimulen que están rabiando porque se acabe la guerra de Gaza o que los desborda la bilis por la concesión del Nobel a María Corina Machado es algo tan sorprendente como desalentador respecto de en qué estamos convirtiendo a la sociedad española.
Les desquicia más que les alegra el fin del enfrentamiento armado en Gaza, como si Hamás los hubiera traicionado por aceptar una propuesta que, aunque partió de Trump, ha sido respaldada por prácticamente todos los países musulmanes, excepto Irán. Y llegan a igualar con Hitler a quien se juega cada día su vida y la de su familia por llevar la democracia a su pueblo y acabar con un régimen que, pese a perder las elecciones, se mantiene aferrado a su poder dictatorial. Ya no importa que sea mujer, independiente, valiente. Basta con que no sea de izquierdas para que se prefiera al tirano.

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