Tenía que salir Guarido hace un par de semanas a justificar el retraso en el trámite de contestación a las alegaciones ciudadanas contra el estudio técnico que debería servir de base para la aprobación de la zona de bajas emisiones (ZBE), una medida que, en el caso de Zamora, se limita a prohibir el acceso con vehículos a la zona comercial tradicional de Zamora, que es también la más castigada por la crisis económica y parálisis urbana que sufre esta ciudad en los últimos años.
Pero Guarido no justificó el retraso porque no puede hacerlo sin mentir demasiado evidentemente o sin quedar en ridículo. Cuando estaba en la oposición, el actual alcalde se oponía con dureza y demagogia a que el ayuntamiento contratara informes o estudios externos. Los funcionarios de la casa pueden hacerlo mejor, decía.
Ahora lo malo no es que haya encargado el estudio de la ZBE a una consultora, que no tiene por qué ser una mala consultora. El problema es que ha despilfarrado el dinero para hacer un estudio no orientado a valorar si la ZBE es necesaria, conveniente o un desastre que nada mejora en una ciudad que, por suerte o por desgracia, toda ella es ya de bajas -cuando no nulas- emisiones de gases contaminantes. El problema es que ha encargado un estudio que justificase la decisión que, para la foto progre, él y los aprendices de brujo que lo acompañan como concejales habían tomado previamente.
Eso no siempre sale bien y, en este caso, ha salido muy mal porque todo el estudio se basa en datos que no se corresponden con la realidad del área elegida. Podía haber colado ante el sesteo de oposición, prensa y sociedad civil, pero en esta ocasión la Federación de Asociaciones de Vecinos FAVEZA se tomó el asunto en serio, puso de manifiesto en sus alegaciones trampas y errores y al gobierno municipal de IU-PSOE en la ratonera de no poder contestar sin mentir descaradamente o prevaricar y de saber que, de aprobar definitivamente la ZBE, no habrá juzgado que no la eche abajo. Así que por el momento anunció que han contratado a otra consultora para ver si salen del paso. El bucle, como los bolardos, puede no tener fin.
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