Un material tan resistente como el hierro se dañar hasta su desintegración solo con no cuidar de su exposición al entorno. La afección de dos elementos tan simples como la humedad y el oxígeno, lleva a la reacción de oxidación que lo daña, inicialmente, de manera meramente superficial, después lo corroe penetrando en su estructura interna y termina descomponiéndolo hasta hacerlo inservible.
La democracia y el Estado de derecho no son menos duraderos que el hierro si se pone coto a las manchas superficiales que lo dañan y oxidan, fruto de la corrupción, de la tergiversación de sus principios o del abuso por los más poderosos. Si se sanean sus instituciones para evitar que el daño se afiance en las profundidades del único sistema político que hasta la fecha se ha demostrado capaz de garantizar la convivencia en igualdad, paz y progreso social. La democracia liberal.
Si no se cuida, se deja a la intemperie o se debilita a conciencia por quienes más obligación tienen de cuidarla, se descompone de manera que resultará inútil para la convivencia.
Cuando la defensa escrupulosa de la separación de poderes se torna en el ataque, el acoso, el insulto y la agresión manifiesta desde el ejecutivo -el más poderoso de los tres poderes, por ostentar directamente la capacidad del ejercicio de la fuerza-, al judicial, cuya misión es velar por que el cumplimiento de la ley, emanada de la soberanía nacional representada por el pueblo, esté siempre por encima del interés del gobernante del momento, se está jugando con fuego o, como con el oxígeno y la humedad en el hierro, con elementos desintegradores del modelo de convivencia.
No es legítima, ni siquiera decente, la catarata de reacciones salidas de tono que, desde la izquierda más montaraz, estamos viendo a la condena al Fiscal General por la comisión de un delito que ha sido juzgado y condenado con amplia mayoría por nuestro máximo órgano jurisdiccional. No es legítima, ni tampoco decente, la manera de lanzar la piedra y esconder la mano de la otra izquierda, que debería ser garantista de una democracia en la que ha gobernado más años que todas las demás opciones políticas juntas. Los daños empiezan a ser irreversibles.

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